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sábado, marzo 01, 2008

El punto acomodador (Paulo Coelho)

El punto acomodador


En uno de mis libros (El Zahir), procuro entender por qué todo el mundo tiene tanto miedo a cambiar. Cuando estaba en pleno proceso de escritura de este texto, cayó en mis manos una extraña entrevista a una mujer que acababa de lanzar un libro sobre -¿adivinan? – el amor.
El periodista le pregunta si la única manera de que el ser humano alcance la felicidad es encontrando a la persona amada. La mujer dice que no:
“El amor cambia, aunque nadie parece entenderlo. La idea de que el amor conduce a la felicidad es una invención moderna, de finales del siglo XVII. Partiendo de esto, aprendemos a creer que el amor debe durar para siempre, y que el matrimonio es el mejor lugar para disfrutarlo. En el pasado no se era tan optimista en lo que respecta a la longevidad de la pasión”.
“Romeo y Julieta no es una historia feliz: es una tragedia. En las últimas décadas ha crecido mucho la expectativa que se ha puesto en el matrimonio como camino para la realización personal. Y la decepción y la insatisfacción han crecido paralelamente”.
Según las prácticas mágicas de los hechiceros del norte de México, siempre hay un acontecimiento en nuestras vidas responsable porque hayamos dejado de progresar. Un trauma, una derrota especialmente amarga, una desilusión amorosa, incluso una victoria mal asimilada, pueden acobardarnos y detenernos. El hechicero, en su proceso de creciente unión con los poderes ocultos, tiene, antes de nada, que librarse de este “punto acomodador”, y para eso debe revisar toda su vida y descubrir dónde se produjo.
Cuando yo era pequeño me peleaba a menudo, y, como era el mayor del grupo, siempre era yo el que les pegaba a los otros chicos. Un día, un primo mío me dio una buena paliza, y a partir de entonces empecé a evitar los enfrentamientos físicos, puesto que me parecía que nunca más conseguiría ganar una pelea. Eso me hizo pasar varias veces por cobarde, al dejarme humillar en presencia de mis amigos o incluso de alguna novia. Hasta que un día, a los veintidós años, acabé metiéndome sin querer en una pelea en una discoteca de Río de Janeiro. Recibí de lo lindo, pero el “punto acomodador” desapareció. Hoy en día no peleo porque es una pésima manera de expresarse; no por culpa de la cobardía.
Durante dos años intenté aprender a tocar la guitarra: progresé mucho al principio, hasta que llegó un punto en el que no conseguí avanzar más – al descubrir que los otros aprendían más rápido que yo, me sentí mediocre, y tomé la decisión de no volver a pasar vergüenza, convenciéndome de que aquello ya no me interesaba. Lo mismo me pasó con el billar, el fútbol, el ciclismo: aprendía lo suficiente como para hacerlo todo razonablemente bien, pero llegaba un punto del que no conseguía pasar.
¿Por qué?
Porque, según lo que nos contaron, llega un determinado momento de nuestras vidas en el que “alcanzamos nuestro límite”. Ya no debemos cambiar más. Ya no conseguimos crecer más. Tanto la profesión como el amor alcanzaron su estadio ideal, y lo mejor es dejarlo todo como está. ¿No es verdad? La verdad es la siguiente: siempre podemos ir más lejos. Amar más, vivir más, arriesgar más.
Jamás la inmovilidad es la mejor de las soluciones. Porque todo a nuestro alrededor cambia (incluso el amor) y tenemos que seguir este ritmo.
Estoy casado hace veintiocho años con la misma persona, pero he cambiado de “mujer” (y ella ha cambiado de “marido”) varias veces a lo largo de nuestra relación. Si hubiéramos querido continuar como éramos en 1979, no creo que hubiésemos llegado tan lejos.

lunes, julio 16, 2007

Fragmento del libro "La bruja de Portobello" de Paulo Coelho.

Después de todo, que es la felicidad?

Amor, responden, pero el amor no da, y nunca ha dado felicidad. Todo lo contrario, siempre es una angustia, un campo de batalla, muchas noches en vela, preguntándonos si estamos haciendo lo correcto. El verdadero amor esta hecho de éxtasis y agonía.

Paz, entonces. Paz? Si miramos a la Madre, ella nunca esta en paz. El invierno lucha con el verano, el sol y la luna nunca se ven, el tigre persigue al hombre, que tiene miedo del perro, que persigue al gato, que persigue al ratón, que asusta al hombre.

El dinero da la felicidad. Muy bien: entonces todas las personas que tienen dinero suficiente para vivir con un altísimo tren de vida podrían dejar de trabajar. Pero siguen más nerviosos que antes, como si temieran perderlo todo. El dinero da mas dinero, eso es verdad. La pobreza puede provocar la infelicidad, pero al contrario no es cierto.

He buscado la felicidad durante mucho tiempo de mi vida; ahora lo que quiero es alegría. La alegría es como el sexo: empieza y acaba. Yo quiero placer, quiero estar contenta, pero felicidad? Ya no caigo en esa trampa.

Cuando estoy con un grupo de personas y decido provocarlas mediante una de las cuestiones más importantes de nuestra existencia, todas dicen: “Soy feliz.”Sigo: “Pero no quieres tener mas, no quieres seguir creciendo?” Todos responden: “Claro.”Insisto: “Entonces no eres feliz.”
Todos cambian de tema.

jueves, marzo 29, 2007

Zambuirse (Mas de BRIDA)

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"Estaba en la playa con su padre, y el pidio que probara si la temperatura del agua era buena. Ella tenia cinco anos y se entusiasmo de poder ayudar; fue hasta la orilla y se mojo los pies.

-Meti los pies, esta fria- le dijo.

El padre la tomo en sus brazos, fue con ella hasta la orilla del mar y sin ningun aviso la tiro dentro del agua. Ella se asusto, pero despues se divirtio con la broma.

-Como esta el agua?- pregunto el padre.

-Esta buena - respondio.

-Entonces, de aqui en adelante, cuando quieras saber alguna cosa, zambullete en ella.

Habia olvidado esta leccion con mucha rapidez. A pesar de tener solamente 21 anos, ya se habia interesado por muchas cosasy desistido con la misma rapidez con la que se entusiasmaba por ellas. No tenia miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligacion de tener que escoger un camino.
Escoger un camino significaba abandonar otros. Tenia una vida entera para vivir, y siempre pensaba que quiza se arrepintiera, en el futuro, de las cosas que queria hacer ahora.
"Tengo miedo de comprometerme", penso. Queria recorrer todos los caminos posibles, e iba a acabar no recorriendo ninguno."

El reloj parado (BRIDA)

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Fragmento de BRIDA de Paulo Coelho


"Era domingo y estaba la familia reunida comiendo en casa de su abuela. Ella ya debia tener unos catorce anos y estaba quejandose de que no conseguia hacer determinado trabajo para la escuela porque todo lo que empezaba a hacer terminaba mal.

-Quiza estos fracasos te esten ensenando algo- dijo su padre. Pero Brida insistia en que no; que ella habia entrado por un camino equivocado, y ahora no habia mas remedio.

El padre la tomo de la mano y fueron hasta la sala donde la abuela acostumbraba a ver la television. Habia alli un gran relo de pie, antiguo, que estaba parado desde hacia muchos anos por falta de piezas.

-No existe nada completamente errado en el mundo, hija mia - dijo el padre, mirando el reloj-. Hasta un reloj parado consigue estar acertado dos veces al dia.

domingo, enero 21, 2007

Cerrando circulos

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CERRANDO PUERTAS



Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Paulo Coelho Novelista Brasilero